La Biblia ¿es inspiración divina?
Carlos Guillermo Zamora J.– San Ramón

“Estimado Monseñor, ¿por qué algunos autores evangelizadores, o maestros de la fe (y de vez en cuando también nuestro Eco Católico) refiriéndose a las Sagradas Escrituras, las presentan como si fueran producto de la situación política, social y cultural de una determinada comunidad de creyentes, dejando de lado la inspiración divina, como si esta no fuera la raíz de toda la S. Escritura. No olvidemos que el Concilio Vaticano II nos dice: “En las Sagradas Escrituras se encuentra todo y solo lo que Dios quiere que esté” (Dei Verbum, nº 11)”.

Estimado Don Carlos Guillermo, su cometario y su “sana” reacción, nos devuelven a un punto fundamental de lo que llamamos “método teológico” o modo con que hacer teología, y en cualquiera de sus apartados o tratados. El caso más patente y paradigmático es el de la Cristología, Jesucristo es verdadero hombre y verdadero Dios, como lo profesamos en el “Credo”. Pues bien, hay “cristologías” pensadas fundamentalmente desde la afirmación de que Jesús es verdadero hombre, en todo igual a nosotros, excepto en que el pecado (cfr Heb 4, 15), sin negar –obviamente– su Divinidad; y hay “cristologías” estructuradas a partir de la afirmación central de su Divinidad. Y este doble enfoque o método, ha acompañado el quehacer teológico a lo largo de toda la historia de la Iglesia, a veces privilegiado uno y a veces, otro.
Acontece lo mismo en el estudio de la S. Escritura. Hay que tener presente que ella es toda de Dios, gracias a la Divina Inspiración, y a la vez es toda de los hombres, porque hombres de carne y hueso, situados en una determinada cultura e historia, la han redactado. Este hecho fundamental, justifica los dos distintos enfoques o acentuaciones: hay autores que atienden con preferencia el contexto humano, cultural e histórico de los escritores (hagiógrafos) y de las comunidades a las que ellos pertenecían, con el riesgo de dejar en sombra la dimensión sobrenatural (que corresponde a la divina inspiración) de la misma S. Escritura. Y hay lectores y autores que acentúan en cualquier momento que la S. Escritura es Palabra de Dios y que como tal, con respetuosa fe, hay que acogerla.
Los dos métodos son posibles y plenamente justificados, aunque los dos impliquen límites y riesgos. El primer método podría llevarnos a una lectura demasiado o “exclusivamente” situada de la S. Escritura, por lo cual todo o casi todo, quedaría explicado a partir de la Comunidad en que se escribió tal o cual libro, tal o cual texto de la Biblia, reduciendo así o casi “vaciando” el mensaje divino, sobrenatural. El segundo método o enfoque también tiene riesgos y de entre ellos, el de una lectura “descontextualizada”, afuera de la historia, y en definitiva de carácter “fundamentalista”, traicionando así el auténtico contenido bíblico.
De su parte, el Magisterio de la Iglesia, nos exhorta al estudio científico, histórico, con la ayuda de todas las ciencias contemporáneas (arqueología, antropología, lingüística, etc), pero a la vez nos invita a tener constantemente presente que en ese “recipiente” propio de determinada cultura y autores, se nos ofrece la Palabra de Dios, como Usted mismo, Don Carlos Guillermo, nos ha recordado con la referencia de la Dei Verbum del Concilio Vaticano II. Vale la pena que completemos la cita: “la Santa Madre Iglesia reconoce que todos los libros de la S. Escritura, con todas sus partes, son sagrados y canónicos en cuanto que tienen a Dios como Autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia. En la composición de los libros sagrados, de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito, todo y solo lo que Dios quería”. (Dei Verbum nº 11).
¿Es válida cualquier edición de la Biblia?
Mazariegos María de los Ángeles – Curridabat

“Tengo una serie de preguntas acerca de las distintas publicaciones de la Biblia… ¿Se puede reducir libremente cualquier Biblia? ¿Quién autoriza la reproducción de la Sagrada Escritura? ¿Qué es lo que hace diferente un Biblia de otra, como por ejemplo, la Biblia de Jerusalén  de la Latinoamericana o de las “Dios nos habla hoy”, ect. ¿Cuál me recomienda para una mejor comprensión de los textos?”

- Para nosotros los católicos, está es la norma de la Iglesia, fijada por el Derecho Canónico: “Los libros de la Sagrada Escritura sólo pueden publicarse si han sido aprobados por la Santa Sede o por la Conferencia Episcopal de un determinado país; asimismo para que se puedan editar en las distintas traducciones se requiere que estas hayan sido aprobadas por la misma autoridad y que vayan acompañadas de las notas aclaratorias necesarias y suficientes” (can 825). Teniendo en cuenta que alguna Sociedad Bíblica de carácter ecuménico, es decir, que quieren publicar la Biblia para los católicos y también para los fieles de otras denominaciones  cristianas, la Iglesia en su Ley Universal establece: “Con la licencia de la Conferencia Episcopal los fieles católicos pueden confeccionar y publicar, también con la colaboración de los hermanos separados (es decir, no católicos) traducciones de la Sagrada Escritura, acompañadas de las convenientes notas aclaratorias”, (can 825, párrafo 2º).
Ahora bien, ¿qué es lo que hace diferente una edición de La Biblia de otra? Obviamente que no es la Palabra de Dios: ésta es la misma en todas las ediciones católicas de la Sagrada Escritura. Las diferencias se deben a ciertos matices de la traducción, a la abundancia y riqueza de las notas aclaratorias, al carácter de las mismas notas, unas más técnicas que otras, unas más de contenido pastoral, otras más de tono doctrinal etc. Hay ediciones que se distinguen por su formato, por se elegancia o por su carácter “popular” que busca evitar costos altos…
Todo esto vale para nosotros los católicos. Qué hagan los no católicos depende de las distintas denominaciones: unas “controlan” las distintas ediciones, no aceptando el uso en sus reuniones de ediciones que ellos no hayan aprobado; otros grupos por el contrario, introducen cambios graves, en contra de toda la tradición cristiana, ya sea católica o protestante, como es el caso de los Testigos de Jehová, que precisamente por unos cambios introducidos y que se refieren a la persona de  Jesús, ya no son considerados “cristianos”. Esos son cambios del todo arbitrarios, de hecho, llegar a negar la divinidad de Jesús.
¿Cuál Biblia aconsejar? Si usted busca entender el texto y tener notas abundantes y un poco técnicas, de tipo doctrinal y bíblico, le aconsejo la Biblia de Jerusalén, si busca notas pastorales y de talante espiritual, le diría que comprara la Biblia del Peregrino que por otra parte posee una buena traducción, con un castellano que diría elegante, si por el contrario quiere un Biblia que tenga en cuenta nuestro “mundo” cultural, popular, lea la Biblia latinoamericana…
¡Qué Dios nos dé verdadera hambre de su Palabra!, lámpara para nuestro caminar, luz en nuestro sendero.